28 de julio de 2026

Cerrado por vacaciones

Sobrevivir al verano. Aguantar el calor y para aguantar el calor comer sandía. Dormir la siesta. Mirar el ventilador, su murmullo constante la nueva banda sonora de tu vida. Inventar nuevas bebidas frías. Dar paseos cuando la temperatura lo permite. La naturaleza es exuberante pero está llena de bichos. Tábanos se te meten en el pelo y te acompañan hasta casa. Burritos amables se acercan a ti cuando les hablas.

La rutina que sigues el resto del año ya no tiene sentido. El verano es una llamada al caos del día a día. El verano es una cercanía pegaosa e incómoda con los demás. El verano pone patas arriba todo. Pensar en el verano hace que el cuerpo se me tense, meses que parecen infinitos pero duran lo que un latido. Tengo que buscar qué hacer ahora con mi tiempo. Tricotar me quema en las manos. Con la persiana tan baja no se puede leer. Mi respuesta es la playa siempre que se pueda, estar en el agua me hace feliz.

Tengo una extraña relación con el verano. Me obliga a parar. No siempre es malo. Me gusta hacer yoga cuando hace calor, me gusta sentir que uso mi cuerpo y vivo en él y lo cuido, que no me puedo aislar del mundo tras capas de ropa. Un verano te puede cambiar la vida, te puede romper los límites o puede no significar nada, ser una estación más. Pero no creo que eso sea lo habitual. Creo que es una etapa que no te puede dejar indiferente.

Qué texto más raro y largo para decir que estaré hasta nuevo aviso sin actualizar mucho esto (como ya llevo todo el mes sin hacer) porque hace calor, tengo sueño, me da pereza, ¡no quiero estar delante de una pantalla! Quiero caminar y hablar y tomarme todo con una calma que a ratos me encrespa pero que me hace falta. Mi plan es que lo siguiente que suba al blog ya sea un post hablando del viaje a Asturias que haremos en septiembre. Tengo muchas ideas pero ahora tengo que parar. Nos vemos con la vuelta al cole.