07 de junio de 2026

Quejas de junio

La desidia veraniega me ha alcanzado (ni siquiera hace un día particularmente caluroso, creo que el problema es que estoy escribiendo esto un domingo) y voy a intentar que hablar un poco de mi vida en mi blog me arregle el estado de ánimo. Pondré unas fotillos por aquí y otras fotillos por allá y mi día mejorará, ¿verdad? No todo puede ser texto personal o seudoensayo.

Un puentecito con la puesta de sol.

¿Qué tal mi vida últimamente? Descubrí este editor de texto, que ahora es lo que uso para escribir. Le voy cambiando el fondo, el tema y los sonidos según me apetece. Ahora tengo el fondo de pececitos y, cuando escribo, las teclas hacen ruido de plástico de burbujas.

Tengo pendiente actualizar muchas cosas de Ciberpatio. Para empezar, me gustaría escanear las postales nuevas que tengo, cortesía de mi amiga María, que me las envió desde Japón en un periplo que haría que Homero se estuviese bien calladito, tomando notas. Quiero hacer también algunos cambios para hacerme más sencillo actualizar el blog. ¡Igual así actualizo más el blog! Aunque me enorgullece bastante mi ritmo de publicación este año y, además, está funcionando: no me apetece una mierda subir "contenido" a otras redes.

Llevo unos meses sin dibujar nada. Creo que desde el Hourly Comics Day. Me pone un poco triste pero la realidad es que estudiar para la oposición me priva de la mayoría de mis aficiones, especialmente las que más energía mental me exigen, y para mí dibujar es complicado. Ni siquiera lo echo tanto de menos. Lo que no puedo dejar de hacer es leer, y eso que leer es lo último que me apetece después de pasarme horas leyendo apuntes. Bueno, desearía que fuesen horas pero en realidad no estudio mucho y me cuesta entrar en un estado de flow como lo llaman porque siempre hay otra cosa que hacer, otro sitio al que ir. Ojalá volver a los años en los que podía estudiar sin preocuparme de cocinar y de limpiar y de recados. La cosa es que intento imaginar mi vida sin leer y no puedo, cuando no tengo ningún libro empezado noto un nerviosismo de bajo voltaje pero persistente.

Tampoco escucho casi nada de música ni veo apenas películas. Verdaderamente, poder dedicar el tiempo a la cultura es un lujo que echo de menos. Al menos todo el tiempo que me gustaría. Sé que sacrifico tiempo de otras cosas, como la vida social, porque para mí es más importante mi tiempo personal con mis series y mis libros y mis videojuegos, lo cual no quita que también sea importante pasar tiempo con mi círculo, pero me conlleva más esfuerzo. A veces deseo dedicar el cien por cien de mi tiempo a lo que quiera hacer en cada momento, pero sé que esa disponibilidad total de los placeres envejecería bastante rápido y mal. Al final hace falta tener un equilibrio. Eso no quiere decir que lo que tenga ahora sea un equilibrio, porque no lo es, es un Mierdón. Me cansa estudiar la oposición. Me cansa estudiar. En septiembre empiezo un máster y espero que, para entonces, me vuelva la motivación académica de cada septiembre para poder sobrevivir.

Una foto del concierto de Candelabro, el 31 de mayo en la sala Copérnico, con efecto borroso gracias a que la lente de la cámara del móvil estaba llena de crema solar.

El fin de semana pasado hicimos un viaje exprés a Madrid para ir a un concierto de Candelabro. El concierto fue espectacular, se escuchó increíble. Esas menos de 48h comimos rico, dormimos mal y pasamos mucho mucho calor.

Aunque llevo tres años viviendo en Galicia, como persona que vivió en Sevilla la mayor parte de su vida, el aumento de las temperaturas a finales de primavera no me supone un gusto —quizás sí, durante una semana—, sino un suplicio. Mi cabeza me trae un adelanto psicológico del verano, me espero los 40ºC a la sombra y me achanto, hago planes de no salir de casa en meses. Aquí se puede salir de casa en verano, pero no soy capaz de hacer que mi corazón lo entienda, y el concepto de depresión estacional lo aparejo más a los meses de más luz y calor que a los invernales. Los veranos aquí se llevan mejor, es cierto, pero me sigue causando mucho estrés. Todo el rato tengo un poco de estrés por dentro cuando es verano. Deseo que vuelva el horario de invierno, que es una época que se adapta más a mis aficiones y pasatiempos, a la ropa que me gusta llevar y a los paisajes que me gusta ver. ¿A quién le gusta pasear y sudar y ver el campo seco, los riachuelos secos? Deprimente.

Me duele la cabeza y siento que hoy no he hecho nada de lo que quería hacer. Me pregunto si al menos he descansado. Lo dudo bastante. Mañana es lunes otra vez y eso me da ganas de gritar en un pozo profundísimo, que llegue hasta el centro de la tierra, y que el magma se entere —se entere pero bien— de que no puedo más con los putos lunes y de que necesito hacer ya la oposición para volver a tener ganas de vivir. Y de que necesito dinero también. Una roca que da vueltas alrededor del sol, ¿por qué albergas una especie tan tonta como para inventar el trabajo? ¿Y el dinero? ¿Y los exámenes? No puede ser buena señal que con 28 años me queje de lo mismo que con 18, pero seguro que es problema mío.