29 de mayo de 2026

11 años de no binarismo

Una captura del juego Titanium Court (2026), relevante por motivos crípticos

Hace 11 años, en junio de 2015, empecé a leer sobre identidad de género y algo hizo click en mí, me di cuenta de que no podía clasificarme dentro del binarismo de género. Pequeñas piezas del puzzle de mi vida desde que era niñe encajaron. Me situé más o menos en un espectro y se lo dije a un par de personas y básicamente ahí quedó la cosa. También quiero subrayar lo mucho que hemos avanzado socialmente a la hora de hablar de estos temas. Por aquel entonces estábamos en pañales y yo era la única persona no binaria que conocía.

Con el tiempo no pude evitar ir sintiéndome peor y peor. Nunca tuve una autoestima estelar pero llegó a afectar —y sigue afectando— mi día a día de forma notable. ¡Quién se lo iba a esperar! Mi percepción de mí misme se parece más a un borrón que a una persona. La culpa y la vergüenza pueden acompañarte mucho tiempo sin que te percates.

El año pasado me di cuenta de que esto procedía, casi con certeza, de que ignoraba el dolor y la incomodidad que me generaban ser trans y mi disforia de género en favor de seguir con mi vida lo más "normalmente" posible. En 2015, cuando era otra persona (una persona más inocente pero también más ignorante), pensé que no quería hacer nada al respecto, que bastaba con "vivir mi verdad" y me olvidé de "actualizar" esa decisión de forma regular. Bueno, sorpresa, no he estado viviendo mi verdad.

Como resultado, cuando pienso en mi vida hace 10 años por lo general puedo ver un cambio a mejor, puedo ver los logros que he conseguido y todo lo que he trabajado por actualizarme como persona y por conseguir aquello que quiero. Sin embargo, en el tema de mi identidad me siento peor que en la casilla de salida. En 2015 era mucho más feliz al respecto. En la busca constante de algo mejor, me he olvidado de simplemente estar y dejar florecer y madurar la persona que soy.

A veces hace falta tocar fondo para darte cuenta de que necesitas hacer algo. Esto es, lamentablemente, una constante en mi vida, porque no me cosco de nada. Mi inteligencia emocional ha pasado por mucho trabajo y también pienso que he mejorado mucho con los años, pero, como es evidente, aún deja que desear en algunos ámbitos. Como lo más urgente siempre es tratar mejor a los demás, he dejado de lado tratarme mejor a mí mismo y lo he postergado como si no fuese algo esencial, como si no pudiese ser la raíz de un dolor subyacente que vertebra toda tu vida y que afecta a todas tus decisiones. Bueno. Digamos que me he dado cuenta de que no he estado haciendo todo lo posible por hacer mi vida más cómoda y, sobre todo, más auténtica.

Por naturaleza (mm) soy una persona bastante privada (mmmmmmmmmmmm), pero, al final, el armario no le hace ningún bien a nadie. No deja de ser una resignación o el fruto del miedo. Me he dicho todos estos años que no estaba ocultando nada, pero no estaba viviendo libremente mi identidad. Por ello, he decidido escribir este post, porque quiero que esta reflexión forme parte de esta mi web y que, quizás, lo lean personas de mi entorno cercano que quizás no supiesen que soy una persona no binaria, además de bisexual y no monógama. Así es, dios castiga tres veces. Es broma, también soy ateo.

Hay muchas maneras de vivir y expresarse. Durante mucho tiempo he pensado que no expresarse era una parte de ese espectro, cuando realmente es una opción aparte: elegir no expresarse es elegir no vivir. Tengo miedo pero más miedo me da seguir cumpliendo años en un limbo, una tierra de nadie, donde ninguna emoción, ni positiva ni negativa, me alcanza. Por tanto, con este texto quiero reclamar mi lugar en la vida y proclamar que me voy a expresar. Comedidamente. Lowkey.